Publicado en el suplemento semanal del Faro de Vigo, el 6 de agosto de 1991
La escuela de vela, ‘curre’ y ‘marcha’ asegurados
ENCLAVADA en un paraje espectacular, pinos, arena y mar por todas partes, se levanta el campamento de la escuela de vela «Cina», en la Illa de Arousa. Asentada en dicha localidad desde 1968, la escuela, actual Centro Internacional de Navegación de Arousa, tiene su origen como derivación de otro centro francés dedicado a la enseñanza de este deporte. Tras veinte años en la brecha, «Cina» se ha convertido en centro de aprendizaje obligado para aquéllos que deseen introducirse en el mundo de la vela. Los cursos, de una duración de quince días, ofrecen notables alicientes: contacto con la naturaleza, nuevas amistades, divertimentos y mucho «curre». En efecto, las jornadas diarias, largas y plagadas de trabajo, tienen un único objetivo: aleccionar a los alumnos sobre el manejo de una embarcación. Pero, tranquilos, no todo es «curre», la «marcha» también está asegurada.
Aventuras marinas en A Illa de Arousa
La escuela de vela tiene una filosofía increíble: Lo principal es currárselo bien, pero al mismo tiempo disfrutar
JUAN PABLO PANTIN
Rodeados de un paraje espectacular, surge entre pinos y arena de mar el campamento de la escuela de vela «Cina» en la Illa de Arousa. «Cina» es el Centro Internacional de Navegación de Arosa, y lleva asentada en la localidad desde 1968. La escuela surgió como derivación de otro centro francés dedicado a la enseñanza de este deporte, que en sus cursos de crucero solían fondear por estos parajes.
Por aquellos años algunos alumnos de la escuela eran españoles y decidieron crear un centro en nuestro país con fondeadero en Arousa. Así nació «Cina», que actualmente tiene su sede en Madrid e imparte cursos de quince días de duración en la Illa de Arousa, Boiro y el pantano de Valmayor en Madrid.
El jefe del campamento es Jesús, un joven que desde hace once años se interesa por el deporte en esta escuela.
Diversión y ocio
—¿Usted personalmente tuvo relación con la escuela francesa?
—Yo cogí los últimos. Cuando vine por primera vez mi monitor y el jefe de grupo eran franceses. Al principio los barcos eran prestados y los alumnos españoles poco a poco fueron pagando y se compraron.
El principal objetivo de una escuela de vela es aleccionar a sus alumnos sobre el manejo de una embarcación. Pero en este campamento las tareas doctrinarias están intercaladas con la diversión y el ocio. «Todo consiste en currártelo bien y al mismo tiempo disfrutar», comentan los aprendices.
Las jornadas diarias son largas y plagadas de trabajo, no sólo se imparten clases de contacto directo con las embarcaciones y el mar, sino que también existen lecciones teóricas y, por supuesto, hay que realizar todo tipo de actividades en tierra para el normal funcionamiento organizado del campamento.
—¿Cómo es un día en el campamento?
—Lo que se hace es «currar». Hay un grupo de alumnos que se encarga de hacer las labores de tierra, colaborar en el trabajo de la cocina ya que se hace la comida aquí, la limpieza, la compra y otras actividades que puedan surgir. Esta gente se levanta a las 08.30, se encargan de preparar el desayuno y a las 09.00 se levanta el resto. Después del desayuno empieza la clase teórica y a continuación se sale a navegar hasta mediodía. Se come, un pequeño descanso, y de nuevo al agua, hasta la hora de cenar. Por la noche tiempo libre que cada uno se lo organiza como quiere, normalmente bajamos al pueblo o se hace aquí alguna reunión.
—También se imparten clases teóricas…
—Si, existe un programa que abarca los quince días del curso. De todas formas las clases se acoplan a la climatología y las horas dedicadas a salir al mar.
El espíritu de cooperación está muy enraizado en este lugar, y al que le toca quedarse en tierra y preparar la comida del resto de sus compañeros se lo toma con filosofía. Tampoco consiste en una tarea desagradable, ya que al tiempo que la cocina está en movimiento, los encargados de las tareas «domésticas» gozan de un día de esparcimiento distinto a los demás.
—Es de suponer que los grupos se turnan en los trabajos…
—Claro, aquí todos venimos a aprender a navegar. Lo que hacemos es currar y pasárnoslo bien. Los días de la cocina, que son dos en la quincena, puede que sean unos de los mejores, te lo pasas estupendamente. Es un día distinto, rompe con la rutina del barco, salir, cambiarte, navegar, volver…
Aprender a navegar siempre resulta interesante y, si al mismo tiempo, se comparte la vida con amigos como lo son los de «Cina», tanto mejor. Los alumnos de estos cursos son procedentes de diversas partes de la geografía nacional, pero primordialmente vienen de Madrid, País Vasco y del Mediterráneo. Pocas son las condiciones indispensables para acceder a los cursos y aventurarse a la mar, y los precios resultan tentadores.
Las jornadas diarias son largas y plagadas de trabajo
Los alumnos que asisten a estos cursos proceden de diversas partes de la geografía nacional
—¿Hay qué asociarse para acceder a un curso del «Cina»?
—Si, tienes que ser socio. Pagas una cuota de 3.500 pesetas y ya tienes tanto derecho como el primero.
—¿A partir de qué edad se puede empezar a practicar la vela?
—El «Cina» exige los 17 años con autorización familiar, debido a las condiciones del curso. Hay que irse lejos del lugar de residencia, acampar a la intemperie… Toda una serie de cosas que precisan independencia y una cierta edad. Pero existen escuelas de Federación en las que desde los siete años los niños empiezan a practicar en «optimist».
—¿Entre qué precios oscilan los cursos?
—En principio todos los alumnos pagan una cuota anual de 5.000 pesetas que se destina a la licencia de navegación, el seguro y la suscripción a la revista de la escuela. Existe diferencia de precios en función de la época, los más baratos son en la primera quincena de julio y septiembre, y los más caros son durante la segunda quincena de julio y todo el mes de agosto. Estos cuestan 54.000 pesetas y en julio 40.000.
El campamento del «Cina» lleva instalándose en la Illa de Arousa desde el 68 y las gentes del lugar ya están acostumbrados e incluso satisfechos con los esporádicos visitantes que cada verano acuden a difundir sus enseñanzas entre participantes de diversos puntos de la geografía nacional. Quizá sea por esa visión un tanto romántica de algo que los isleños consideran innato, ya que llevan toda la vida en contacto con el mar.
—¿Siempre se instala el campamento en el mismo sitio?
-Si. Esto no es propiedad del «Cina», parece que el Ayuntamiento ha hecho una cesión de usufructo temporal en el terreno que ocupamos. De hecho, los fines de semana viene cantidad de gente a la playa y puede circular por casi todas las partes de la escuela porque no es propiedad privada.
—¿Qué relación tenéis con los habitantes de la isla?
—Por nuestra parte es inmejorable, nunca hemos creado ningún problema. Si esta escuela ha podido sobrevivir tanto tiempo ha sido por la buena relación que siempre ha mantenido con la gente de la isla, que muchas veces han echado una mano y las dos para multitud de cosas que han surgido. Lo que ocurre es que la gente de aquí no puede estar pendiente a cada momento de «Cina», pero cuando hace falta el pueblo, lo tienes ahí.
Las instalaciones de la escuela están asentadas en la playa, alejados del centro urbano. Se trata de un campamento de cincuenta personas. Grandes tiendas de campaña, una cocina estilo cuartel, una pizarra para las explicaciones teóricas y unas cuantas mesas para comer. La experiencia no sólo consiste en aprender a navegar, la convivencia con gentes de distinta procedencia y el contacto con la naturaleza son fundamentales. Alumnos y monitores comparten los días entre risas, trabajo y largas horas de navegación.
Aventureros
—¿Os consideráis amantes de la aventura y el riesgo?
—Puede ser una mezcla de varias cosas, pero estos cursos tampoco tienen mucho de aventura. Ocurre que ésto consiste en mantener un tipo de convivencia peculiar, en un medio peculiar y haciendo algo peculiar, si a eso le añades el interés por aprender a navegar, el entorno y las condiciones en que se realiza el aprendizaje, el conjunto resulta curioso y atractivo.
—¿Qué me decís de la convivencia?
—La gente vale mucho en este curso, porque te pueden tocar tíos que sean imposibles de controlar o que estén todo el día protestando o riñendo, simplemente por la climatología. Entonces esto ya no tiene sentido. Pero eso no es frecuente, se viene aquí con la intención y la convicción previa de que vas a pasar las vacaciones compartiéndolas con otros compañeros, la convivencia es fundamental.
—¿Cuánto tiempo es necesario para aprender a manejar un barco?
—Esto es como todo, la práctica vale mucho. Depende de las horas que dediques. A partir del décimo día la gente suele conocer los rudimentos necesarios como para dirigir el barco hacia donde ellos quieren. Pero también depende de la educación que se imparte y de los mismos alumnos, como se adaptan al medio, lo nerviosos que se pongan, que se sitúen espacialmente o que sepan por donde les viene el viento. De todas formas, al acabar el cursillo el 99% de la gente se divierte y se maneja en un barco.
Está claro que la cuestión económica también interesa. Los cursos son de quince días, y los precios puede que no resulten demasiado elevados. «Cina» es una escuela que no funciona con ánimo lucrativo, los monitores se dedican a enseñar a cambio de la satisfacción de transmitir sus conocimientos a otras personas, nadie cobra nada. El dinero que paga cada alumno por un curso sirve para financiar los gastos del consumo diario del campamento, y lo que queda se usa para mejorar el material de la escuela.
El precio del curso oscila entre las 40.000 y las 56.000 pesetas
El dinero que paga cada alumno sirve para finaciar gastos
Unas chanclas y un salvavidas, material imprescindible
Financiación
—¿Cómo se financia ‘Cina»?
—Principalmente con lo que sale de los cursos que se organizan, es una escuela que no tiene fines lucrativos. Con el pequeño remanente que queda de lo que el alumno de los cursos no gasta, se aplica después a comprar nuevos barcos, reposición de material o ampliación de flota si tienes un buen año. Pero nadie se lleva «pelas», ninguno de los monitores ni la gente que viene aquí nos pagan un duro.
Aunque los precios pueden no parecer demasiado excesivos, estas cantidades se refieren solamente a los cursos. La vela es un deporte bastante minoritario. quizá porque para practicarla no es preciso la colaboración de mucha gente, sólo se necesitan los tripulantes de la embarcación. Y la evidente necesidad de un barco provoca en cualquier mente el pensamiento inmediato de clasificar esta modalidad deportiva dentro de una élite a la que muy pocos pueden acceder.
—¿Cuál es el material imprescindible para realizar este deporte?
—Además del barco, evidentemente, unas chanclas y un salvavidas.
Deporte accesible
—La necesidad de una embarcación hace pensar en la vela como en un deporte elitista….
—Elitista para nada, depende de dónde y cómo lo hagas, puede serlo si es que necesitas un traje especial, vas a un hotel a Mallorca, etc. Pero si te vienes en este plan y vas de «tirao» para nada es elitista.
—Yo creo que sí es elitista, lo que ocurre es que «Cina» lo hace más accesible a todo el mundo. porque no es caro. Si quieres hacer un crucero por ahí una vez al año, alquilas cualquier barco por unas cuatro mil pesetas tripulante y día y no resulta tan excesivo, pero como deporte para practicar todo el año si es elitista. Quizá lo que te cuesta es tener ánimo de propietario, la inversión de un barco, más el mantenimiento. más el puesto de amarre, más los gastos que te van surgiendo, etc.
A pesar de las diferentes opiniones, la dificultad que este deporte encierra en sí mismo es la causa de este desconocimiento por parte del público. Quizá en estos últimos años y gracias a las victorias españolas en competiciones internacionales de gran importancia, haya aumentado el interés popular hacia estos esforzados deportistas.

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