Enrique Ortiz en el recuerdo

Por: José Manuel Fernández Agudo y José Mari Gómez Rodríguez

El pasado 30 de diciembre de 2025, falleció Enrique Ortiz Alonso, uno de los fundadores del CINA.

Aparte de navegante, era un magnífico pintor. Su amigo íntimo Luis Seoane, dice: «Ortiz Alonso conoce el mar. Lo dibuja y lo graba como un navegante, desde el mar mismo».

Expuso su obra en París, Atenas, Lisboa, Turín, Ámsterdam, Oslo, Montevideo, Barcelona, ​​Madrid, Bilbao, Buenos Aires, A Coruña y Ourense (donde nació)

Enrique Ortiz Alonso descubrió A Illa, a finales de los 50 o principios de los 60 y nunca más dejó de regresar a un lugar que le sirvió de inspiración y de retiro a partes iguales.

Enrique reconoce que desembarcó en A Illa con el objetivo de disfrutar de una de sus grandes pasiones, la navegación a vela, y en especial, a lomos de una dorna de tope hecha en Cabo da Cruz, «a la que llamaban ‘Quiquirica’, a la que acabaría rebautizando como ‘María Baldeira’ poco después».

 Formó parte del grupo de Navegantes que, con Pepe Castellote, recorrieron las Rias Bajas, hasta encontrar la zona de Testos y finalmente Area de la Secada que serviría para montar la base del CINA.

Hable con Martin Ortiz hijo de Enrique, Monitor del CINA, para transmitirle nuestra tristeza por el fallecimiento de su padre y entre otras muchas cosas me dijo:

“Que siga navegando hacia el sol”

Jose Mari Gómez, que convivió los primeros años del CINA con él, ha escrito sus recuerdos de aquellos tiempos y que tenéis a continuación.

Por: José Mari Gómez Rodríguez

Lo que os voy a contar en estas líneas es mi recuerdo de Enrique Ortiz en algunas de las ocasiones en que coincidimos en los primeros años del CINA. Era muy amigo de Pepe y colaboró en la selección del lugar donde instalar la escuela y en el inicio de los cursos.

Yo le conocí cundo fui a hacer el segundo curso de nivel I, porque durante el primero estaba de ayudante de monitor en el primer curso de vela del Club Marítimo de Santander, organizado con la Federación y con Ángel Roquero y un francés de Glènans como monitores.

El jefe de centro del curso del CINA era Daniel Mitre, de Glènans, así como los monitores. Allí conocí a Enrique Ortiz, que participó en la inaguración, que se hizo por todo lo alto, con las autoridades civiles, militares y religiosas.

Posteriormente, su ayuda fue muy importante con motivo de la separación de la Federación Española de Vela. Para la puesta en marcha de los cursos en ese segundo año, recuerdo que hicimos varias reuniones en su casa, creo que estaba en la calle Tutor, en Argüelles, donde nos recibía magníficamente su mujer, descendiente de Galdós.

Durante el invierno nos ayudó en la creación de la escuela de vela del lago de la Casa de Campo, que yo dirigía junto con Raúl Draper y Pilar Díaz de Atauri, que se acabó abruptamente cuando la OJE lo reclamó por ser una actividad juvenil y desgraciadamente lo dejó morir a los cuatro días.

Ese año fuimos a la Isla de Arosa sin saber si tendríamos algo o si se lo habría quedado todo el Club Náutico de Villagarcía, como quería la Federación de Vela. Llevábamos incluso una tienda de campaña mía, para que, en el peor caso, no tuviéramos que dormir al raso.

En ese viaje, bastante épico, por los montes gallegos, en un Citroen “Pato” con el volante a la derecha, llevábamos en el techo unas cartas marinas de la Ría de Arosa pegadas en planchas de contrachapado y plastificadas, que nos había preparado Enrique para utilizar en las Cavales y en el Mousquetaire. La idea era para poderlas llevar en cubierta y que soportaran la lluvia y los rociones. Lo cierto es que el experimento no resultó nada útil, sobre todo en las Cavales, por el tamaño de los tableros.

Ese año, después de un curso, Raúl Draper, Pilar Díaz de Atauri y yo, acompañamos a Enrique a Redondela para llevar a la Isla de Arosa su dorna “María Balteira” (una juglaresa gallega del siglo XIII bastante revoltosa).

El viaje tuvo bastante de aventura, sin motor, con un aparejo muy primitivo y con un alojamiento espartano. Hicimos escala en  las Cíes y en Ons y tuvimos un final complicado por una niebla cerrada hasta la entrada en la ría de Arosa.

Ese año y los siguientes en que yo estuve en los cursos nos ayudó mucho, tanto en los montajes como en los desmontajes. Yo recuerdo haber ido con él, en su coche, a Santiago y a Vigo, a comprar cosas y a hacer gestiones para los cursos. Siempre lo tuvimos a nuestra disposición para cualquier cosa que necesitáramos.

Uno de los viajes fue para visitar en el hospital de Santiago a una alumna francesa que había tenido un accidente bastante grave. El médico que la atendió era Gerardo Fernández Albor, padre de un alumno de los cursos de vela y que después fue el primer presidente de la Xunta de Galicia.

Enrique era un gallego integral, un muy buen grabador y una muy buena persona. La última vez que lo vi fue en la casa que se hizo en la Isla, hacia el Sur, con unas magníficas vistas sobre la Ría. Fué con motivo de mi último curso en la Isla, poco después de la construcción del puente.

He sentido mucho su pérdida.